lunes, 28 de noviembre de 2016

Y a ti...

Tracé un reguero de besos en tu columna vertebral escribiendo con mis labios cuarteados la palabra libertad

y a ti...
Te dio por dormir...

En tu pecho fijé la estaca de la justicia poética a costa de toda seguridad y clavé un clavel en el centro de mi ombligo uniéndome para siempre al olor de tu belleza decadente

y a ti...
Te dio por buscar un trago

Me agarre a tus ramas partidas, me rodeé, enredadera de mi, por debajo de todos tus platos rotos, me corte con tus destrozos de mala hierba y chupe toda sangre coagulada de años y años de apatía

Y a ti...
Te dio por preguntarme qué tal

Te susurre al oído la sinfonía de las orquídeas y su descarada elegancia, el canto de las sabias desnudas cuando la locura las hace amar y perder su inmortalidad, el rumor de los dedos percutiendo el deseo puro

Y a ti...
Te dio por hablar

Acaricié cada protuberancia de tu cuerpo nacida de odios e inquinas, eyaculé sobre ti los secretos de la inocencia y la ternura, vomite mi alma en cada beso que te di

Y a ti...
Te dio por pedirme que te amara

Y entonces... desaparecí.

El amor no se pide, se siente. 

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