miércoles, 27 de abril de 2016

La vulnerabilidad



LA VULNERABILIDAD

Arrancarse todo el pelo sabiendo que te va a doler, que vas a aparecer sucia, discapacitada, temblorosa, que la lengua te va a fallar, que tu estómago está casi reventando y no lo consigue, que estás despeinada y sola, excluida de ti misma, y... mostrarse, tal y como eres, con tus ropas de resaca, con tus uñas sucias, con tus ningunas ganas de hablar, con más vicios que virtudes, frágil, necesitada de abrazo, incapaz de darlo, con las manos llenas de agujeros, los bolsillos llenos de colillas, la nariz rasgada, la cabeza dolida, bipolar, intensa, descompesada, caprichosa, egocéntrica, déspota, malvada, extravagante, soberbia, orgullosa de lo superficial y frívola. Mostrar todo esto para arrancar el vello de raíz y encontrar lo bello que hay en ti.

Extirpar y compartir la fragilidad, el error, el fracaso, la derrota, la impotencia, la ansiedad, la angustia, la decepción, el duelo de la esperanza y hacerlo desde las tripas, desde el corazón y vomitarlo sobre vosotrxs, para haceros mis cómplices y amigos, para haceros mis compañeras y amantes, para haceros parte de mi vulnerabilidad, para que os sintáis acompañados, arropadas, 
 comprendidos en esta historia con final que se llama vida y que hoy, me pertenece. Para que sepáis quién soy, de donde vengo, por qué vivo, qué raíces me sostienen todavía en este mundo de claveles y funerales y me acompañéis en mi viaje.

Para que espejéis en mi vuestro ser, y mi cuerpo se convierta en el espejo de nosotrxs, para que mis pelos sean nuestras raíces y la tierra parte de nuestra respiración, para calar las raíces tan hondo, que ningún terremoto nos derrumbe. Para darnos el aliento que nos robamos, la posibilidad imposible, la conexión improbable, el beso final. Para eso es todo esto: el arte de la insumisión, la irreverencia del imaginario, la santidad del ritual y mis pelos que son mis raíces, que ahora, crecerán en vosotros.

Por todo esto, señoras y señores, me quito la máscara de raíz. 

Gracias por existir. Maldita nuestra ternura

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