domingo, 27 de marzo de 2016

La muerte del sofá

Ese sofá era demasiado pequeño para tres días
Nos acomodamos como sardinas. Legos jugando en el jardín del Edén
La manzana rondaba sobre nuestras cabezas
Fue a la tercera va la vencida cuando empezó a estrecharse en demasía
Muy elegantemente, al compás de la frialdad y el rencor, el sofá fue haciendo jirones los cojines, deshilachando la manta de tu abuela, perdiendo patas y muelles, arañando la hermosa piel de la vaca de nuestra siguiente reencarnación, aflojando tornillos y tuercas con cordura, y estrechándose... estrechándose... estrechándose... y tú y yo no quisimos hacerle caso hasta que finalmente se desplomó y ya en el suelo, no nos quedó otra que arrastrarnos y sentir cuán frío puede estar el suelo de un matadero

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