domingo, 29 de noviembre de 2015

La máscara

Mis raíces son aéreas y los nenúfares rozan la cintura
Es jugosa cómo la flor se abre ante lo que mañana se cerrará
Cómo descubres en el último momento y la máscara se despega de la cara
Hay a quién se le queda pegada y pasa su trayecto a desconchones cada vez más patéticos.
Al menos tienes de sobra
Dispones de todas las veces que necesites
Serás capaz de quitártela cada vez que sea necesario
Otras personas te ayudarán en su despegue
Sentirás sus dedos hundiéndose en tus pómulos y la caricia de su mano retirándote el cabello te parecerá lo único a tener en cuenta.
Mirarás sus ojos y los tuyos se llenarán de lágrimas...


Que pena que lo limpio dure tan poco
Que se pise tan rápido el fregado, eso pensarás cuando poco a poco, te vuelvas a poner esa máscara que no te deja respirar, ni hablar, que solo te permite gemir y gemir, tragar sin digerir las miserias humanas, las conversaciones banales, la ausencia de honestidad y las puestas en escena.
Querrás abdicar de la humanidad
Ladrar, aullar, arañar, correr y hacerte bicho bola
Dejarás de hablar
Te acusarán de aislamiento
Extrañeza
Locura
Intentarán recluirte, domesticarte, ignorarte y acobardarte. Hacerte inútil, fácil, previsible, controlable. Te marcarán como a los cerdos
Y la máscara, que en un principio sólo era un escondite, se convertirá en tu primera piel perdiendo para siempre las raíces y nenúfares que rozan tu cintura



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