domingo, 6 de septiembre de 2015

Siroco

EL barman dijo: el sitio más peligroso es el tuyo, te lo llevas en la barriga
Ella bajo la mirada hacia su vestido negro, largo y algo grande para su escueta apariencia, y en sus ojos se vio el recorrido de platonismos y experiencias truculentas, y piensa: Sí, me lo llevaré dentro porque dentro se me clavó.
Él entra por la puerta, tambaleante, empapado de sudor, los labios sin color y la camisa destartalada y dice: me voy a mi casa, ahora bajo.
A ella le empieza a arder el estómago y mirándolo fijamente, con el fuego llegando a sus pupilas, dice: haz lo que tengas que hacer. Yo me voy al bosque.
Él se va y ella lo ve marchar por la ventana.
El barman entonces dijo: dependencia. En la barriga.
Ella vuelve a bajar sus ojos verdes y poco a poco, su iris se vuelve marrón y su vestido, tan largo, tan elegante, tan grande para su apariencia escueta, se vuelve un trapo negro, sucio y roto.
El barman seca las copas recién sacadas del lavavajillas, y examinando una de cerca mientras otea por la ventana y descubre una pequeñísima mota de algodón en la elegante copa, dice: míralo, por ahí vuelve.
Ella mira hacia la ventana, y vuelve a ver esos labios sin color, esas gotas de sudor desfilando por la frente, esa camisa y esos pantalones con capacidad de erguirse por si mismos y... recuerda lo que siempre le aconseja su abuela: mejor sola que con uno con un calcetín de cada color, y ella piensa ¿Y si ni siquiera lleva zapatos?
Él entra tambaleándose, descalzo, y dice: me quedo. Una cerveza.
Ella bebe con una pajita un batido revitalizante de fresa y plátano y su vestido, ahora lustroso y elegante, tan negro y largo, tan grande para su escueta figura, se le ciñe implacablemente a la barriga.
EL barman sirve la caña. Él clava su ojos en la cerveza que hará que la sangre vuelva a sus labios, que el sudor pare y su camisa siga tan destartalada o más que antes, y le pregunta: ¿Me acompañas a la carnicería?
Claro, le dice ella, me has leído el pensamiento.
EL barman termina de secar las copas y ellos, de la mano, abandonan el bar.



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