lunes, 6 de julio de 2015

IÑAKI: GUERRERO DE LA LUZ

MIentras me tocabas el corazón pronunciaste tus últimas palabras para conmigo: no dejes que te entren malos espíritus.
Estábamos en la puerta de la Mandrágora, garito de afters sin mañana y tú ibas a dar yoga a la comisión antisida. Me dijiste que no te diera un beso en la boca, que estabas resfriado, llevabas tres semanas malito, ya no te he vuelto a ver, y te has marchado para siempre. Ahora sólo te podré encontrar en mis recuerdos y en los trances que te ofrezco, que no te debo porque a tí no te gustaba esa palabra, tu eres del hacer de corazón, donde todo se mide por la bondad, en el fondo siempre estarás en mi. Sabía que este día iba a llegar, el día que me doliera la muerte de alguien querido, e intuía que tú sería de los primeros, pero no pensé que tocara ahora, porque yo esperaba verte entrar por aquella puerta, con tu chapela boina y tu sonrisa inocente, con tu elegancia, y tu saber estar, con esa paz que tanto me diste sin conocerme de nada. O quizá nos conocíamos mucho, siempre nos hemos conocido.
Te has marchado después de luchar, eres el león de la luz, que con sus garras y dientes se pasó este camino de vida batallando por la verdad, el sentimiento y la ilusión. Eres puro y siempre lo serás porque la estela que has dejado es de diamante y no hay piedra en este mundo que pueda rayar tu fe.
Te ofrezco por todo lo que me diste, guerrero de la luz, la guerra que haré  en tu nombre y en nombre de tantos otros que cómo tú, supieron escuchar al corazón antes que al ego. A los seres valientes que han muerto empuñando el bastión de la cordura y la generosidad. Y te prometo que recitaré lo que me enseñaste y daré de beber al cerezo que plantamos juntos, que no cesaré en mi agradecimiento y con ello, y por ello, en mi luchar. Que seguiré creyendo en la fuerza de la luz, del cuarzo, del diamante y la haré poesía porque sé que eso es lo único justo que puedo hacer, llevar tu ser junto al mio y no olvidar jamás el dolor de los marginales, de los maricas, las bolleras, las yonquis, las putas, los sidosos, los negros, los moros y las sudacas y que mi cantar trovará en los suburvios que tu decorabas con pañuelos de seda y sensibilidad.
Gracias maestro porque tus lecciones han dado peso a mi lealtad, porque aquí recojo tu herencia, entre estas cuatro paredes, abriendo mi puerta al barrio y a la gente como tú, que soy yo, regando las plantas que me enseñaste a cuidar y perfumando el ambiente con palo santo, fragancia que me acerca a tu olor y a tu saber.
Te amo, mucho más de lo que te quería. Te amo porque a las personas como tú, sólo se las puede amar. Son libres, pájaros que vuelan sin alas, que ya es imposible cortarles nada porque se desprendieron de todo, pura poesía vital, especial, esencial, eterna,
Me desnudo para honrarte maestro, porque lo que aprendí a amar de ti fue la vulnerabilidad más tierna, la sinceridad más honesta, el pecho más abierto, y penetré en ti, y tú en mi, y sé que este es buen regalo para tu nuevo camino, que yo, aquí y ahora, hablando de tu muerte, de la muerte y la sabiduría, del paso de la vida por el tiempo, y compartiéndolo con otros, tu legado seguirá vigente, tu historia viva, tu ser presente.
Y bueno maestro, seguro que dirán que al teatro no se viene a hacer terapia, pero a ti y mi siempre nos gustó el Kabaret experimental.
Buen viaje.
Agur eta Ohore.

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