lunes, 22 de junio de 2015

El verano

La llegada del verano me pilla con un rabo de cereza en la cama y un trozo de nuez entre los dientes.
El solsticio se ha presentado envuelto en un aire de espera que aviva mi ansiedad en la víspera de la hoguera de San Juan, la poesía me acosa a todas horas, estoica y descompasada, y la mirada y sonrisa de aquel chico, me recuerda cuan feliz fui en mi infancia y cuántas hogueras he saltado a lomo de la inconsciencia y la suerte.
El sol se presenta todas las mañanas llenando mi cuarto de un brillo que me recuerda que Andalucía me espera y yo me retuerzo en la cama.
Presiento que el verano trae atardeceres intensos y sombras lunáticas, siento que ya está siendo así, y no sé si tirarme al tren o al maquinista o seguir estudiando las constelaciones celestes e intuir que me depara este destino cargado de saber enigmático y profundo y mentalizarme así para una futura intensidad veraniega peligrosa y sabia.
Se está gestando la vida de las rosas en mi útero de gas, y este calorcito está provocando que las partículas se estén volviendo locas mientras esperan la chispa adecuada que está por llegar, que no es ni más ni menos, que ya.



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