viernes, 16 de enero de 2015

Andalucía



Prima, que en Andalucía los geranios bailan por alegrías, los perros se tienden panza arriba y los cafés amargos se endulzan con un piropo.
Que yo te puedo enseñar las esquinas más flamencas,
los vinitos más sabrosos, las tabernas donde no sale el sol y las guitarras que  hacen frente a las penas.
Que conozco la sombra cuando el de arriba se pone de mala follá y tengo el saco que puede cubrirte del relente de una noche a la orilla del Estrecho, con África al frente y Europa a la espalda, sin más sonido que el romper ensordecedor de las olas contra nuestros pechos deshonrados por tanto hermano muerto y tanta belleza sobrecogedora.
Qué se donde está la luna llena más bella y el chiringuito con vistas a la soledad de un mediodía de enero con el sol tan grande, que no te cabe dentro.
Que en Andalucía las sardinas bailan al compás del presente y los locos nunca se van a casa, porque no los dejan, porque la calle es el hogar del sueño.
Bella la Andalucía de olivares altivos, pescadores de atunes y chocolate, con el trapicheo y el arte en las venas. Con la mirada de ese castellano que en otra vida le toco ser moro, luego, morisco, y ahora, malagueño.
Que  ahora estoy lejos y tú estás más cerca que nunca. Porque como me río contigo, no me río con nadie. O quizá mi querida Andalucía ¡que desafío más inconmensurable el que sólo te pueda tener en la distancia porque yo sé que caigo en tus aires y desaires, y que en tus uñas polvorientas está mi piel, mi sangre, mi honor.... la historia de todas las sangres mezcladas, y que eso, será la carga de por vida que llevaré en la ausencia de tus montañas y tu gracia!
Tu sangre y la mía, es un quejío de madrugá que madura con la herencia de la angustia y las calles encalás de bodas de pasión y poetas muertos.
La forja que fundió mi nacimiento con tus faldas, hoy, me da alas de cal y canto y con las botas llenas de piedras, soy trovadora de tus encantos allá donde las nubes ganan al sol.
Te llevo siempre en mi acento y mi fe irracionales.
No tengas envidia madre mia, que tú siempre serás la poesía que más me dio de mamar aunque hoy, no te pueda ni ver.


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