sábado, 30 de agosto de 2014

El halcón que perdió la esperanza

Que pena que estés amputando tus alas y tu sonrisa.
Creí que eras un halcón fuerte que siempre volaba con sus alas a ras de cielo.
Que las nubes te servían de almohada y la vía láctea de camino
Que tus garras eran certeras y tu vista aguda y fina
Pero ahora...
Te quejas del cielo, de las nubes, de las estrellas,
De las montañas que cobijan tus esperanzas
De los otros pájaros que como yo, sólo desean verte reír.
Tanta es la pena que siento al ver como te apartas de la ruta de la seda que por las noches, sueño con traerte de nuevo al mundo donde la culpa no existe y la luz resplandece.
Pero tú...
Ya no quieres salir de las cavernas, te da miedo lo que te puedan hacer
En realidad...
Te da miedo lo que puedas hacer.
Y así, te vas mordiendo las alas, con tu piquito lleno de sangre e ira, y tus uñas, ensuciadas por tu propia carne y dolor, infectan tus ilusiones de felicidad.
Y poco a poco, vas perdiendo las plumas y las ganas, y casi sin darte cuenta, dejas de volar, de reír y de soñar, y yo, pájaro de buen augurio, emprendo la marcha hacia otro lugar.



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