viernes, 1 de agosto de 2014

Amar

Una canción de cuna se escucha al fondo, la canta aquélla que esperaba de madrugada a un futuro padre borracho embarazada en el matadero de su carnicería dos días antes de que la que escribe viera el mundo.
La entrada en el mundo no es cualquier cosa, la salida, seguramente tampoco.
Aisea, cariño, hace mucho viento y frío, por eso esta noche, te cobijaré en la casa.
En un par de días abandonaré a los míos, te abandonaré a ti y seguiré otra vez mi camino de libertad y soledad. Que ambas palabras se casen mientras corren las lágrimas y la garganta se atasca, hace que todo pierda sentido.
Mi madre vendía picón con 10 años montada en un burro. Siempre quiso saber escribir, comportarse, ser una mujer educada y culta. Nunca lo consiguió. O más bien, lo consiguió de sobra pero no ha sabido darse cuenta.  Con su lengua y su historia trabadas y sus caricias escasas y tímidas, me mira, me mima y el mundo se hunde a los pies.
Mi hermana tiene una barriga con algo dentro, y también se me hunde a los pies.
Te echo tanto de menos Axier...
Amar y que te amen es lo más duro que hay en esta vida.


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