sábado, 30 de agosto de 2014

Se hace camino al andar

Tengo que respirar profundo para no atragantarme con la vida.
Abrir el pecho y los ojos para no chocarme con el miedo.
Tender las manos en la oscuridad confiando en el resplandor del corazón.
Tengo las llaves que me acercan a la sabiduría pero no sé si he perdido las de la felicidad, o si las de la sabiduría, son las llaves maestras que me conducirán a la felicidad.
Al final, sé que tengo lo que tengo que tener, y sigo mi camino, que ya no termina en el sofá sino en cualquier lugar.

Un garbanzal

Algunos me dicen que estoy como un garbanzal.
A mi me gusta, un garbanzal podría nacer en las playas de mis sueños.
Lo que no me gusta es la civilización.
No estoy de acuerdo con sus calles, sus semáforos, su aire, sus colas, su postureo.
Dicen una cosa, sienten otra.
Al final no saben ni lo que sienten.
No me gustan sus palabras orondas ni sus sentimientos egoístas.
Me amarga su destrucción masiva de animales, plantas, aguas, tierras, océanos, paraísos y sus justificaciones infantiles y patéticas.
Vivo en una sociedad ridícula donde todos gritamos y nadie dice nada.
De sentimientos corruptos.
En la playa de mis sueños, las mujeres nos apoyamos en lanzas de madera y los hombres, también.
Aquí ya no queda madera.
Ni ríos sanos.
Ni palomas enteras.
En Babilonia se ha olvidado cuando cantan los pájaros
Y los mensajes de los árboles.
Y la vigilia al costado de los pinos mientras las estrellas narran el devenir de los tiempos.
Ahora todos sordos con la cara blanca iluminada por un trozo de litio extraído gracias a la sangre de niños que en vez de pan y educación, reciben palas y balas.
Hay mucha violencia sutil, mucha avaricia vestida de azul. Mucha información que insensibiliza y mucha bandera absurda.
Mucho trasto de un solo uso, mucha persona sin más derecho que su explotación.
Mucho dolor camuflado, mucha paranoia egocéntrica.
Hay mucho odio y poco amor.
En general, siempre, en general, la civilización no me gusta, prefiero ser un garbanzal.



Entre sentir y hacer


Hay veces que te confundes y que haces precisamente todo lo contrario de lo que sientes.
Porque ser consecuente con lo que sientes es la única meta y por tanto, los sentimientos, el único motor.
Me he prometido serme fiel.
Ser tajante.
Que no me tiemble la mano en este mar de plástico.
Porque he descubierto que los mares que siento, que me asientan, son los de arena fina y barros de alquimia y esos, están en peligro de extinción.

El halcón que perdió la esperanza

Que pena que estés amputando tus alas y tu sonrisa.
Creí que eras un halcón fuerte que siempre volaba con sus alas a ras de cielo.
Que las nubes te servían de almohada y la vía láctea de camino
Que tus garras eran certeras y tu vista aguda y fina
Pero ahora...
Te quejas del cielo, de las nubes, de las estrellas,
De las montañas que cobijan tus esperanzas
De los otros pájaros que como yo, sólo desean verte reír.
Tanta es la pena que siento al ver como te apartas de la ruta de la seda que por las noches, sueño con traerte de nuevo al mundo donde la culpa no existe y la luz resplandece.
Pero tú...
Ya no quieres salir de las cavernas, te da miedo lo que te puedan hacer
En realidad...
Te da miedo lo que puedas hacer.
Y así, te vas mordiendo las alas, con tu piquito lleno de sangre e ira, y tus uñas, ensuciadas por tu propia carne y dolor, infectan tus ilusiones de felicidad.
Y poco a poco, vas perdiendo las plumas y las ganas, y casi sin darte cuenta, dejas de volar, de reír y de soñar, y yo, pájaro de buen augurio, emprendo la marcha hacia otro lugar.



martes, 26 de agosto de 2014

De regreso de los mares del Sur

No es el final sino el principio
Recojo antiguos hábitos con renovada alma y vuelo porque sé que los ojos dicen más que las bocas.
Soy discípula de palabras y amante de miradas, disfrutona de sueños, ganadora a todas y contradictoria para siempre.
Puedo acercarte a mis manos y sanarte el aparato digestivo así como alejarte en la densidad del dolor necesario y presentarme indiferente y tajante para hacer lo mismo, sanarte.
Al final, que ahora es principio, soy esencia, y lo que parecía disonante es armónico.
Porque la dualidad finalmente tiene un sólo objetivo: la sabiduría.
La felicidad es capitalista.
Jajajajajaja
La sabiduría es emocional.
Y puestas a elegir... soy emoción, energía, vibración; soy la onda del susurro de las Diosas.

Somos las ondas del susurro de los Dioses y la felicidad es como la tristeza, un estado más.

viernes, 1 de agosto de 2014

Entre gritos y silencios

Ahora solo se escucha el tintineo de las teclas.
En la sobremesa mi padrino dijo que no llegaba a fin de año.
Mi otro tío hablaba de indios apaches y caballos locos que se comían a los niños.
Mi hermano de paraísos en Marruecos y mi hermana de calambres en los ovarios y de tener el estómago en la laringe.
Mi cuñada realiza apuntes sobre el diálogo entre lo maléfico y lo necio.
Mi otro tío comenta sobre un tal Steves, belga de negocios estrambóticos y frustrados que habita en Kenia promoviendo dietas de adelgazamiento.
Mis sobrinos reían y chuki a su lado parecía un angelito.
Aisea mientras tanto dormía, hoy le han quitado la posibilidad de tener camada.
Quizá a mi me la esté quitando algo que no entiendo, o quizá, ni a Aisea ni a mi,  nos tendrían que haber quitado nada. O quizá, hace tiempo que nos lo arrebataron todo y por eso este silencio que hoy me ensordece.




Amar

Una canción de cuna se escucha al fondo, la canta aquélla que esperaba de madrugada a un futuro padre borracho embarazada en el matadero de su carnicería dos días antes de que la que escribe viera el mundo.
La entrada en el mundo no es cualquier cosa, la salida, seguramente tampoco.
Aisea, cariño, hace mucho viento y frío, por eso esta noche, te cobijaré en la casa.
En un par de días abandonaré a los míos, te abandonaré a ti y seguiré otra vez mi camino de libertad y soledad. Que ambas palabras se casen mientras corren las lágrimas y la garganta se atasca, hace que todo pierda sentido.
Mi madre vendía picón con 10 años montada en un burro. Siempre quiso saber escribir, comportarse, ser una mujer educada y culta. Nunca lo consiguió. O más bien, lo consiguió de sobra pero no ha sabido darse cuenta.  Con su lengua y su historia trabadas y sus caricias escasas y tímidas, me mira, me mima y el mundo se hunde a los pies.
Mi hermana tiene una barriga con algo dentro, y también se me hunde a los pies.
Te echo tanto de menos Axier...
Amar y que te amen es lo más duro que hay en esta vida.