jueves, 15 de mayo de 2014

La caja de Pandora


En tu pecho guardaste la caja de Pandora
y ví como tus piernas ancladas a la nada, temblaban por la indecisión.
También vi como tus manos intentaban agarrar el agua y como tus pies caminaban por el fuego.
Escuché tu respiración helada, olí tu aliento de flores marchitas que de pura nostalgia, recordaban a la muerte.
Me acerque a ti a sabiendas de tu naturaleza de gata acorralada para abrir la caja de Pandora que latía en tu pecho.
Y quise deshacer los nudos de tu garganta, regar tu vientre de lágrimas, depurar cada gota de tu sangre, acostarme con tu alma vencida y ofrecerte la llave de Pandora aún sabiendo que dándote la llave, te daba mi vida y me arañaste, y te arañaste, y arañaste todo cuanto había alrededor.
Hiciste jirones la sábana, sacaste la gomaespuma de los cojines, rompiste vasos, ceniceros, jarrones... Destrozaste la lámpara de noche y ni la luna pudo alumbrar tanto desastre.
Pero cogiste la llave y abriste la caja.
Ahora, estás demasiado guapa hija de puta.

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