lunes, 21 de abril de 2014

De Kloaka, que el campo ya no existe

Año del caballo.
Soy una rata.
Ludovica la bruja chilena me avala. 
1984. Rata de madera. Ascendente: Cabra.
Es incompatible.
Los gallos no son para mi.
Para las ratas, otra rata.
Rata y no ratón. 
Callejera, mundana, sucia, de arrabales.
Una rata sin peine ni champú, de aguas turbias, de salida para todo y de todxs, de esas que corretean entre los pies, rápidas, con la cola muy larga y unas uñas asquerosas, muy negras y muy largas, muy mugrientas. Con unos ojitos muy pequeñitos y brillantes. Unos bigotes muy largos. La nariz húmeda.

Soy una rata que no quiere ni búfalos ni conejos ni tigres ni dragones ni mazmorras. Sobre todo no quiero mazmorras.  

Y si osan...

Roo las cuerdas y nado en cauces de ponzoña, me raspo con arena, bebo de las alcantarillas, duermo escondida en las esquinas. Esperando... esperando el gran salto del caballo. 
Porque las ratas sentimos los devenires y al primer trote de jinete, se nos salta el corazón y buscamos por donde escapar de la furia de la ira banal no sin antes ejecutar, nuestro ataque mortal.
Somos las únicas que en la oscuridad, podemos matar: de rabia, de miedo, de asko.
Y lo siento, pero somos incompatibles con el gallo de metal, gallito de corral. 
Jamás me podrás dominar.




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