miércoles, 22 de enero de 2014

Ondo Loin

Me despierto aullando
Revolcada entre las sábanas
Oliendo a sueños reveladores
Y tú estás ahí, en la esquina
Estás como esperando que pronuncie las palabras que abrirán para siempre tu corazón.
Y silencio.
Espeso silencio.
Todavía sudo. 
No voy a abrir la boca.
Me deslizo por el cuarto.
Miras con esa fijación chinada y dolida.
Hay mucha tristeza en tu mirada.
Aunque te miro, ya no te veo.
Tampoco te hablo.
No te escucho.
Sueños reveladores me han insesibilizado.
Tu campo no es mi campo.
Las flores marchitas las cargo a la espalda, pero lejos de ti
Las botas... abro la puerta, los pasos, tac, tac, tac, tococotoc... sigues ahí, en la esquina, pero el milagro se agotó.
Esta vez no me doy la vuelta atrás.
Voy, escaleras abajo, flores marchitas acuestas, bicicleta en mano, abro la puerta, y tiro millas, en busca de otros mares, de otros ojos, de otras bocas que me den lo que tú nunca supiste darme.



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