domingo, 19 de enero de 2014

Entre plantas de bellísimos colores.

Otra vez la he encontrado.
Es muy sutil, sólo si decides subirte a las alturas: el fruto eterno.
Sólo cuando me aventuro a mirar firmente al firmamento, cuando entro en la casa de las estrellas, que es mi casa, la esencia de lo que soy y de lo que el mundo es, se muestra sin miedo, ni cansancio ni frío, y plena y abierta y a sabiendas que el resplendor es la humildad que brilla en mi, encuentro mi vida en este caótico mundo ayudando a quién quiera.
Y lo decidí.
Algunxs hablan de luz.
Un punto blanco en la oscuridad.
Danzas entre demonios y ángeles.
Besos y golpes, caminos inciertos y lejanos.
Puentes ciertos y cercanos.
Yo hablo de flores de bellísimos colores que se abren carnosas y plantas que me enredan dónde sólo lxs guerrerxs de la luz podemos habitar.
Hablo de mandar la fuerza y el estar mucho más allá de cualquier frontera mental, saber que eres pura y esencial, y que sólo el espíritu es el zumo con el que alimentar.  A ti y a lo que te rodea.
Regar las plantas y colorear las paredes. Abrazar respirando a la vez, agradecer a todo y todxs lxs que pasaron por tu vida y te enseñaron y te formaron tal y como eres hoy.
Porque nuestra esencia es limpia y sincera, porque detrás del cinismo está el más bello amor pero para ello, bilis negra habrás de vomitar. Mierda apestosa, cagar. O todo a la vez.
Cada camino es una oscuridad.
Al final: el amanecer, que hoy me comentaban que es precioso en Olabeaga.

Otra vez la vida al lado de la Ría.



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