miércoles, 8 de enero de 2014

Al filo de la navaja

Bueno, de aire se llevan las bicis allá donde un león y una leona se miran reflejados en orillas de la Ría.
No hay nada más frustrante que el lenguaje del orgullo.
Nada que haga más mísero e infeliz al ser humano.
¿O no?
El orgullo les ata las patas.
Una pregunta de eternidad: ¿Hasta el final?
Una afirmación de sangre: Chupa la muñeca que me he cortado las venas.
Sella el pacto y la saliva escuce, una tirita y un poco de crema de Marihuana, ya está la niña curada.
Pero la niña tiene una herida mucho más profunda.
Todos los meses sangra con dos lunas: la vacía y la llena, la niña sube y baja y las venas de su vientre, se abren y se cierran, y sus tetas se hinchan y se deshinchan, y la niña, a la luz de la luna, sabe.
Ese pacto ¿Es hasta la muerte?
Caminamos cerca, cuidar y... ¡cuidado!
León!



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