miércoles, 23 de octubre de 2013

La costurera

Creen que vivo para condenarlos mientras ellxs mismxs me condenan.
Vivo al calor de un jersey siempre demasiado grande, de lana e infinito.
De los cabos sueltos de una orgía, de las abujas de un sueño roto.
Me coso los parches con pasión reciclada, guardo botones perdidos y tiño mi vida de crudo pellejo.
Me deshago en ovillos de fonemas y hago punto en los pulmones de una ahorcada.
La estrechez de las malas puntadas me clavan alfileres en el talle. Talle por tanto, agujereado y demacrado, de huesos prominentes para freir sardinas.
Me gusta mi profesión, arreglo los bajos fondos, hilo con dulzura; es un trabajo de honor. Hay que respetar cada hechura, cada milímetro de cada patrón y coser sobre él, y descoser otra vez.
Me encantaría hacerle un vestido a la felicidad, que siempre haya jirones de sueños que reconstruir y que un día se presente la esperanza sin prisas.
Poseo el dedal, la hebra y las ganas de la que ha que encuentra todo roto: todo está por remendar.

Aki doy mis manos, mi voluntad y mi ilusión: a los trapos sucios, multiusos, los que ya no sirven más que para infinitas labores imposibles todavía por descubrir. Otra vez, al que cuestiona, a ese le haré el traje con mis venas, mis arterias y la sonrisa, se la pondré como pajarita.

Vuelvo a querer demasiado ¿Será que el Astro Solar ya no le tiene miedo a la Luna lunar de Escorpión? o ¿Joy Division?
No sé, me pondré a coser.
Ah!
Pero si yo no sé coser.


No hay comentarios:

Publicar un comentario