domingo, 31 de marzo de 2013

En resurección cambié de bar

La que se quedó durmiendo el domingo de resurrección perdió la vez.
El diluvio universal arrastró la última posibilidad, y la decepción, siempre tan cínica y ácida, se puso los tacones de aguja para la ultima cena.
Se sentó en la silla a la espera de su propio reflejo re-partido en la última derrota. En medio de todo: el odio y nuevas arrugas.
Quieres un poco de sopa tristemente calentada?
O prefieres una menta amanzanada para el aliento?
Quizá lo que desees sea un polvo con caricias, lo siento, de eso en este menú, no hay.
El respeto y el cuidado mutuo es demasiado arriesgado para todos los días, vente en días de fiesta.
Hoy es domingo de resurrección y me ofreces tu plato estrella: orgullo salpicado de violencia callada. Gracias por tu gran plato, pero prefiero las sobras de casi cualquiera.
Me engañaste con el precio y con los días.
Hoy prefiero comer sola.

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