lunes, 25 de febrero de 2013

El amor

Tema de novelas y shows, tema de medios días y noches enteras. Temas de los siglos, los prostíbulos y los geriátricos: Tema inagotable. Hoy hablo del amor porque vivo en el desamor. Es cuanto más se habla, cuando menos se consigue ¿Qué es lo que podemos hacer? Callar, así cuánto menos se diga pues, menos se piensa. Sin embargo no es tan sencillo. Una paliquea y paliquea y cuando las palabras pierden todo su sentido, entonces rompe a llorar. Asi somos los enamorados, nunca dejamos al silencio en paz. Nos llevamos por el corazón olvidándonos de nuestra razón y desgarrando nuestra vida en dos, en tres, cuatro o cinco, que más da si vas a sufrir igual. Delirantes quedamos ante la negativa y el deseo. Perdemos el conocimiento jamás encontrado pero siempre creído, y morimos detrás de cualquier esquina en una madrugada sin corazón. Sufrismo ante el mutismo impotente de la inexpresividad física y el ruido atronador de nuestras pasiones aclamando libertad y consumación en nuestros cerebros.
El impulso a la huída es menos intenso que la desazón ante la ausencia, dama esta inseparable del amor, eterna compañera de la inseguiridad y el miedo. Intimos amigos de los celos y la ira.
La turbación da la mano al impulso empujándolo a la locura, es decir, a aviones, autobuses, taxis, biciletas o cualquier cosa con ruedas o motor que acerque al enamorado a su objeto. Nada impide. El trabajo se pierde porque se vive en otra realidad donde lo material ha sido exterminado; solo por lo sentimental se vive.
El amor es una perpetúa agonía que maltrata sin cesar rompiendo en gritos ahogados. Una opresión lúcida que oprime el alma con su inconsciencia y su incapacidad. Una presión aplastante que revienta en el estómago para despegar en la boca y matar al parlante. Un sabor del sin sabor que intraquiliza con su persistente amargura. Un caballo desbocado que mira cada segundo como el último que tiene. Una pasión sentida como intransitoria que fustiga el cerebro con sus azotes, todo esto es el amor.
Camas revuelta y manchadas de sangre y semen que huelen durante meses en los cuerpos de los enamorados. Cabellos revueltos y gemidos maravillosos que embellecen la figura de los locos, locas, locaos. Es el caos. Frenetismo a exacerbadas dosis que tiñe el alma de rojo y el corazón de negro. Utopías, expectativas, fantasías que fracasan a cada minuto por su destrucción instantánea. Condones por el suelo, tazas de café frías y despertares intranquilos. Noches de pesadillas y tiritones que terminan en días de nada de algodón y ni de rosas. Incertidumbre, dudas, parkison y oscuridad. Luces inventadas para correr por los estrechos pasillos de la realidad, historias soñadas para esconder a las cotidianas. Sentimientos basados en el absurdo y la insesatez.
Atardeceres de suspiros en caras soleadas y sonrojadas por la excitación. Esquinas excitantes manoseadas con el descaro de la pasión. Manos agarradas, espaldas arañadas y cabezas arrancadas en brotes de hambre y deseo. Pelos enmarañados con gritos profundos nacidos de la comunicación. Caras enfrentadas desde diferentes posiciones que miran con el ansía de quién implora recuerdo en su lecho de muerte. Ojos rajados ahuecando un corazón más que castigado por la decepción. Nuevos chorros de sangre ante tu mirada de mujer y cimiento, ante tus pechos, tu espalda, ante tus piernas, ante tu sexo.
El amor nunca termina de sorprender. Imposible de definir. Cada día tendrá una nueva forma, el miércoles será un santo, el jueves una rata y el domingo un príncipe. Que más da. Puede que mañana toque un africano.

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